Cada 4 años tenemos un 29 de febrero. En 2012, escribí eso en mi muro de Facebook. Hoy que leí esa publicación del recuerdo me percaté que este tiempo transcurrió como un parpadeo. Muy rápido. Sin embargo, durante este período, he acumulado experiencia. He reído, llorado. He amado y he tenido pérdidas. He avanzado y retrocedido. Me ha pasado tanto!!! Independientemente de lo que haya pasado en mi historia, lo que he vivido (haya sido bueno o malo) me ha permitido crecer. Aprender. Y todo ese cúmulo de sabiduría puede ser la herramienta más poderosa para impactar la vida de otros. En varias ocasiones he escrito sobre la importancia de ser generosos. Y cuando leemos la palabra "generosidad" generalmente la asociamos con bienes materiales o con dinero. Sin embargo, también comprende el tiempo que compartimos con otros y los consejos que podemos dar sobre la base de lo que ya hemos vivido. Ser generosos implica dar (y si lo que podemos regalar son lecciones para que otros no cometan los mismos errores que nosotros y puedan crecer con mayor celeridad, estaremos siendo hombres y mujeres que dan). Eso es lo maravilloso de vivir: no importa lo que pase; siempre podremos aprender para aportar valor a los demás. Si tuvimos una pérdida (de un ser querido o de una relación) con el correr del tiempo y luego del proceso de duelo, nos fortalecemos y podemos apoyar a quienes pasan situaciones similares. Se nos da la posibilidad de sumar y no de restar. Se nos permite consolar, porque ya una vez estuvimos en ese lugar. La generosidad también tiene qué ver con las palabras y las acciones. Es increíble cómo un simple gesto o una palabra de cariño y afirmación dicha a tiempo puede representar un milagro para alguien más. No callar lo bueno que tenemos qué decir, por lo tanto, también es una muestra de grandeza. Con lo dicho anteriormente, no digo que haya qué dejar de ayudar a la gente más necesitada que nosotros, ni tampoco digo que dejemos de aportar materialmente a otros (iniciando por nuestra familia). Sin embargo, sí afirmo que una forma espléndida de "dar" es por medio de los gestos y las palabras. Hay tanta gente en el mundo que está tan acostumbrada a recibir insultos y negativismo, que cuando alguien se le acerca para dar aliento o afirmar sus cualidades, al principio reaccionan con cautela y hasta desconfianza, porque se les muestra que su universo puede ser mejor. Y lograr eso, es convertirse en un milagro. A veces, los gestos más sencillos e irrelevantes (para nosotros) pueden ser la respuesta que alguien más está esperando. Hoy es un día que solo pasa cada 4 años. No esperemos a que sea 2020 para decirnos que hemos aprendido más y que hemos vivido mucho, si lo que hemos acumulado no lo hemos compartido para sumar a los demás. El reto es convertirnos en milagros vivientes. En personas que dicen palabras amables (no aduladoras). En quienes sumamos y multiplicamos, no restamos ni dividimos. Hoy, vamos con todo!!!
La vida ofrece innumerables retos. Este blog es uno de ellos. Consideralo parte de vos también para que juntos emprendamos la interacción en este viaje maravilloso llamado "vida".
Emprendiendo
Law, People & Happiness
lunes, 29 de febrero de 2016
martes, 23 de febrero de 2016
Día 39. La voz de mi madre.
Eran más o menos las 7 de la noche cuando cerramos los
computadores portátiles y comenzamos a charlar un poco de la vida personal con
una compañera de trabajo. La jornada de hoy fue muy larga y pesada (casi 12
horas). Dentro de la conversación, ella me comentó que ha habido ocasiones en
las que ha sentido la presión que representa ser una madre soltera que ha
tenido que sacar adelanta a sus dos hijos. Me mencionó que ha sido complicado
en muchas ocasiones. Yo le conté que he tenido situaciones similares y que a
veces las cosas están tan mal que no veo salida. Sin embargo, he descubierto
que me basta con hacer una llamada telefónica para encontrar tranquilidad. Le
conté que cuando estoy en situaciones difíciles, marcó el número de mi madre y
que solo con escuchar su voz me tranquilizo. Siento que todo está bien. Ella no
sabe que su voz tiene ese efecto en mí, pero es (como escribió Mario Benedetti)
“mi conjuro contra la mala jornada”. Cuando yo era niño –de unos 6 o 7 años
quizá- en las tardes solía colocarme sobre el abdomen de mi madre y colocaba mi
oído sobre su corazón. Ese palpitar me arrulló tantas veces. Creo que el efecto
que su voz tiene en mí ahora que soy un hombre de casi 42 años es el resultado
de haberla escuchado cuando me hablaba mientras mi ser se iba formando en su
vientre y de esas tardes en las que su corazón me cantaba tranquilidad… No pude
evitar sentir nostalgia, cuando le comenté esto a mi compañera de trabajo.
Haber caído en la cuenta de lo importante que mi madre es y lo positiva que es
su influencia en mis momentos difíciles me hizo ver lo afortunado que soy al
tenerla aún conmigo. Casualmente, hoy ella publicó en su muro de Facebook una foto de sus 3 primeros hijos cuando yo tenía
6 años, mi hermano 2 y, una de mis hermanas, 3. Al salir de la oficina, tomé el
teléfono y marqué su número. Le hice unas bromas sobre la foto y me contó que
la tarde había sido de recuerdos porque con mi tía estuvieron viendo muchas
fotos de nosotros. Y me dijo “en ese tiempo yo era muy pobre pero era feliz
porque pasaba mucho tiempo con ustedes, hoy ustedes me dan dinero pero casi no
compartimos”. Esa declaración de mi madre me hizo pensar que he cometido el
error de no darle tiempo. No se cuántos años más tendré la fortuna de contar
con ella. Solo sé que quiero que ella sepa cuánto la amo y lo importante que es
para mí. Pero no quiero decirlo, quiero demostrarlo. Ella me llevó en su
vientre, me formó, ha sido ejemplo, se arrullaba en aquellas tardes, jugaba
conmigo, me tomaba de la mano para enseñarme a escribir las primeras letras, me
da tranquilidad con solo hablar al teléfono. Lo menos que puedo hacer es
demostrarle lo importante que es para mí… Estoy ya en casa… abro el
computador. Escribo estas líneas… Hoy no hay consejos ni análisis…. En esta
noche solo hay un hombre que se siente agradecido e inmensamente afortunado por
la Lucy (mi madre)… Hoy ya escuché su voz... me siento tranquilo…
martes, 9 de febrero de 2016
Día 38: Yo, el aburrido. (Apología del respeto a los demás)
Hace poco más de un año, alguien que en ese momento era muy
cercano a mí, me dijo que yo era “un aburrido”. A inicios de enero un amigo me
dijo lo mismo y la semana pasada que fui a cortarme el cabello, el barbero me
etiquetó con ese mismo epíteto. Si no estuviera conforme y alegre con mi estilo
de vida, ellos habrían terminado destruyendo mi autoestima. Dos de estas 3
personas me llamaron así porque les conté que no bebo, ni fumo y que disfruto
mucho más de una charla acompañada de un café o de ver películas. La otra, me
dijo eso porque yo prefería quedarme en casa a leer que ir a gastar el dinero
en un antro. Cuento todo esto porque creo que dentro de la definición de
respeto debe incluirse también el no emitir juicio de valor sobre la manera en
la que otros disfrutan su tiempo libre. El hecho de que a mí me gusten los
juegos de mesa no me da el derecho de demeritar a quienes prefieren los
videojuegos. Los seres humanos somos seres gregarios por naturaleza.
Necesitamos unos de los otros. Ese es un axioma tan cierto como el hecho de que
convivir en total armonía es complicado. Pero justamente por la necesidad que
tenemos unos de otros y de que los demás enriquecen nuestras vidas, es que
deberíamos (como dijo Hillary Swank cuando recibió el Oscar por su actuación en
la película “Boys don´t cry), celebrar la diversidad en vez de remarcar
nuestras diferencias. Un ser humano que critica a otros es un individuo que no
está conforme consigo mismo y que descarga sus frustraciones en los demás. No
quiero sonar farisaico porque yo también he cometido el error de agrandar los
valles que me separan de otras personas en vez de tender puentes. En la vida,
he aprendido que debo ser cortés, agradecido, generoso y paciente, pero además
me he dado cuenta de que nada de aquello sería apreciado si no lo acompaño de
una buena dosis de respeto. Cada ser humano, por su sola condición, tiene
dignidad, y uno de los secretos más importantes para formar relaciones
duraderas es la de reconocer esa cualidad… Puede ser que yo sea un aburrido (a
los ojos de quienes tienen un estilo de vida diferente), tanto así que incluso mi hermano me ha dicho
varias veces “qué triste tu vida” solo porque cuido lo que como y trato de no
ingerir alimentos que me pueden dañar. Sin embargo, he aprendido a vivir con
esas críticas. Dicho todo lo anterior, la pregunta es: ¿no sería mejor que en lugar
de remarcar nuestras diferencias, celebráramos la riqueza que nos da el ser tan
diferentes y tener formas tan disímiles de disfrutar la existencia? La
construcción de relaciones sanas comienza con el respeto. A partir de ahí, se
aporta, se suma, se multiplica valor a los demás. ¿Es mejor criticar o dejar
vivir? Hoy, vamos con todo….
lunes, 11 de enero de 2016
Día 37. La maravillosa levedad del ser...
Una situación es segura: llegará el día en que yo dejaré de
existir y lo que hoy es importante, para entonces ya no tendrá ningún valor...// Hoy en la mañana sentía un fuerte dolor en el pecho. Hubo un momento en el que
asusté y acudí a la clínica médica de la empresa en la que presto mis
servicios. (He escuchado tantas historias de personas que comienzan con dolores
así y al poco tiempo sufren infartos. A eso hay qué agregar la hipocondría que –quienes
me conocen- saben que padezco). Cuando le comenté al médico los síntomas, su
primera pregunta fue: “¿has estado sometido a mucho estrés últimamente?”. Mi
respuesta fue “sí”. Entonces me replicó: “creo que sé de qué se trata”, y me
ordenó que me recostara en la camilla para los exámenes de rigor. Al presionar
varias partes de mi pecho, finalmente dio con el punto donde más sentía el
dolor. Entonces el doctor me explicó que afortunadamente no era nada coronario,
sino del esternón y que había un punto específico donde convergen una vena, una
arteria y un nervio que se dilatan cuando se está sometido a estrés y eso
provoca ese tipo de dolor. Me recetó un medicamento. Lo tomé y, una hora más
tarde, estaba bien. Sin embargo, este episodio me hizo replantearme muchas
preguntas sobre mi propia existencia. (Dentro de pocos días voy a cumplir 3
años de haber conocido a quien creí era la persona indicada y no lo fue.
Adicionalmente, en el trabajo he estado sometido a tiempos muy estrictos y
negociaciones para cumplimentar ciertos requerimientos legales insoslayables.
He tenido algunos atrasos con ciertos pagos que no me han hecho, lo que a su
vez me ha imposibilitado de responder a algunos acreedores. He pasado varios
días sin escribir a pesar de que tengo ideas. Y la lista de asuntos sigue…).
Ante todo esto ¿qué provecho trae a mi vida estar tan afanado con situaciones como
esas? ¿Vale la pena preocuparse tanto? ¿Es posible una existencia diferente?
Fueron algunas de las interrogantes que me planteé y sin lugar a dudas llegué a
la conclusión de que dado que llegará un día en que dejaré esta tierra y que el
tiempo corre demasiado rápido, no es justo para mí mismo afectar mi salud por
la preocupación o tristeza de situaciones que algún día se morirán conmigo. No
digo con esto que hay que ser cínicos o despreocupados. Solo afirmo que debemos
darle su justa dimensión. Reparar lo roto. Perdonar. Restablecer
relaciones. Trabajar y dar resultados. Buscar la excelencia. Pero no afanarse.
La vida tiene altibajos. Hoy estamos en la cima y quizá mañana nos toque estar
en el fondo. Cuando subimos la montaña rusa, el viaje es emocionante. Sube y
baja. Pero todo sucede demasiado rápido. Así es la existencia. Y si es tan
corta, lo mejor que podemos hacer es disfrutarla. Sanamente. Y actuar
con valentía. Entrar, como escribió Yourcenar, con los brazos abiertos… El oficio de "SER" es muy leve (como dijo Kundera), pero es maravilloso... Hoy,
vamos con todo…
jueves, 31 de diciembre de 2015
Día 36. Adiós 2015...
Bastó una hora, seis minutos y cuarenta segundos para que
cruzara la meta de la primera carrera en la que que participé. Desde hace
varios años he ido a ver la tradicional San Silvestre de ciudad de Guatemala.
Un evento muy divertido y familiar donde muchas personas participan
disfrazadas. Siempre había sido un espectador, pero este año me propuse ser
parte. Lo hice. Corrí los 10 kilómetros sin detenerme. Iba motivado. En el
kilómetro 7 me sentía un poco cansado pero estuve repitiéndome que no había
llegado a ese instante para darme por vencido. Al entrar en el estadio Nacional
donde se encontraba la meta, se apoderó de mí una sensación de alegría que he
experimentado pocas veces. Al cruzar la meta, no pude evitar que se me
escaparan un par de lágrimas. Dios me había concedido la dicha de convertir un
reto personal en realidad. En cierto modo, ha sido una forma maravillosa de
terminar un año complicado en mi vida. En este 2015 pasaron muchos eventos que
me marcaron para siempre. En este mismo momento en el que escribo, acabo de regresar de la iglesia. Fui a dar gracias al
Creador por haberme mantenido vivo en este año y por permitirme tener a mi
familia con bien. He tenido comida, techo y vestido, y en parte me ha permitido
proveerles a quienes amo. A pesar de las pérdidas durante la mitad del año,
Dios ha sido inmensamente misericordioso y generoso conmigo. Este año conocí
personas espléndidas que se convirtieron en excelentes amigos y compañeros de
trabajo. Aunque técnicamente en varias partes del mundo ya es 2016, acá en
Guatemala aún no lo es y quise dedicar mi última entrada de este año a dar
gracias por la vida. Gracias a mi familia por estar ahí siempre (cada uno por
nombre son importantísimos para mí). Gracias a mis amigos entrañables (los de
todo el tiempo, los nuevos y los que han de venir). Gracias a quien todavía durante parte del
primer semestre de 2015 compartió su vida conmigo. Gracias a quienes me leen en
el blog, por las más de tres mil cien visitas y por hacerme sentir vivo.
Gracias por los buenos momentos. Este año, termina con vivencias inolvidables y
mucha esperanza. Este 2015 se acaba, y así como me sucedió cuando crucé la
meta, hoy por la tarde, no puedo evitar que se escape alguna lágrima. He
corrido un tramo de la carrera de la vida (este tramo se acaba hoy), mañana
comienza uno nuevo con 366 posibilidades. Cierro el año en paz. En 2016, vamos
con todo!!!
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Día 35: Un evento inesperado...
Esta mañana me levanté más tarde de lo normal porque tenía
que realizar una diligencia cerca de mi casa, por lo tanto no tenía qué
madrugar como suelo hacerlo. Mientras los rayos del sol matutino entraban por
la persiana de mi ventana, comencé a hacer un recuento de este año. (Es
imposible escapar a la tentación de hacerlo). Pensé mucho en mi equipo trabajo.
Mis más cercanos colaboradores. Reflexioné que en estos días he sido muy
exigente y duro con ellos. Incluso tenía la percepción de que algunos de ellos estaban a la defensiva. Me propuse llegar a la oficina e ir llamándolos a
cada uno para inquirirlos sobre lo que les estaba molestando y para aclarar las
cosas. He aprendido que para que nuestro departamento de Recursos Humanos
avance, todos debemos poner de nuestra parte y la comunicación no debe
perderse. En este momento estamos en un proyecto que tiene fecha límite el 12
de enero. Al llegar a la oficina, respondí algunos correos electrónicos y luego
llamé al colaborador que más alejado había sentido (y a quien, además, había
llamado la atención por haber llegado en jeans y no con el uniforme). Le
pregunté si estaba molesto o si había algo que lo incomodara y su respuesta
fue: necesito que hablemos abiertamente, pero también es indispensable que el
resto de mis compañeros líderes de Recursos Humanos estén presentes. Lo dijo de
una manera tan seria que me preocupó. Sin embargo, me gusta escuchar a mi
equipo y accedí a su petición. Llamamos a los otros 6 miembros del equipo y uno
a uno fueron entrando de manera muy poco usual (circunspectos). Entonces
Amilcar, el que había pedido que estuviéramos todos presentes comienza a
hablar, más o menos en los siguientes términos: “sabemos que a vos te toca
soportarnos y soportar a muchos en esta empresa y no hay quién te motive, por
lo que queremos darte un presente”, y sacó una bolsa de papel de un restaurante
de comida rápida. Lo recibí (un poco contrariado dado que había acabado de
desayunar). En ese momento, recibí una llamada que me molestó por varias
razones pero al colgar, recibí la bolsa y al abrirla no había comida sino otra
bolsa, esta vez una muy bonita con una moña de listón de tela. La marca en
letras doradas de una joyería reconocida resaltaba en esta segunda bolsa. Abrí
la moña, y dentro había un regalo delicadamente empacado en papel plateado y
moña azul. Lo destapé y cuando lo abrí, había dentro una pluma y un portaminas
de una marca que particularmente me gusta. Me sentí muy conmovido. Luego, otro
de los miembros de mi equipo, con quien también he sido muy duro, tomó la
palabra y dijo algo así “de todos los jefes que he tenido he aprendido algo,
pero sin temor a equivocarme puedo decir que de vos he aprendido más y no solo
para el trabajo sino para la vida”. El resto de mi equipo tenía una sonrisa
desbordante. Comencé a agradecer, y no pude evitar que la voz se entrecortara.
Con un gesto tan inesperado, de una manera tan diferente. Me hicieron sentir
muy bien. Estoy seguro de algo. Un detalle como ese se agradece y queda marcado
en las entrañas para siempre. Yo creía que había influido en ellos, pero con
ese gesto, influyeron inevitablemente en mí. Ayer dije que era mi penúltima
entrada, pero necesitaba contar esta maravillosa historia, antes de escribir el
último post de este año. Hoy me hicieron sentir genial. El equipo del que me
enorgullezco me conmovió. No solo me siento respaldado por ellos. Ahora me
siento querido. De eso se trata la vida. De esos momentos que te marcan. Con
más razón digo: hoy, vamos con todo!!!
martes, 29 de diciembre de 2015
Día 34: Cuando comés con sabor a infancia...
En vista de que desde hace poco más de 15 años se ha vuelto
tradición que el almuerzo del 1 de enero sea un acontecimiento familiar donde
comemos pierna de cerdo, y donde llegan mis primos, sobrinos y cuñados, hoy
tuve qué pasar al supermercado a comprar algunos ingredientes para marinar la
carne y para la preparación de la salsa de vino y café que espero les guste a
los comensales. Mientras iba entre los
pasillos me encontré con unas cajas de pasas (de una marca muy conocida en ese
producto) y con solo ver el empaque evoqué mi infancia. En el paladar comencé a
sentir el sabor dulce de esos frutos secos. No me pude contener y compré un
paquetito con 6 cajitas –idénticas a las que comía cuando era niño-… Ya he
contado en otras entradas que cuando era pequeño no teníamos las comodidades ni
posibilidades que ahora tenemos (gracias a Dios). Y recuerdo muy bien que en
una época de fin de año (allá por 1982), mi tío Manolo –hermano de mi papá- nos
llevó varios regalos a mis hermanos y a mí. Sin embargo, de las dádivas yo
recuerdo 2 cosas que me impresionaron: 1. Una cajita roja con frutos secos que
cuando comencé a comerlas, supe que serían de mi gusto durante toda mi
existencia y 2. Un removedor para café hecho de plástico blanco, con una letra
M estilizada en la parte de arriba. Recuerdo que le pregunté a mi tío qué
significaba esa consonante y me explicó que era de un restaurante de comida
rápida, al que nunca había ido yo, dado que las posibilidades económicas no le
habrían permitido a mi madre pagar por un menú en ese lugar. Mientras escribo
esta penúltima entrada de 2015, estoy comiendo unas pasas, y me recuerdo de
esos años. Sin duda alguna lo que me ha tocado vivir ha sido espléndido. Evocar
esos tiempos es bonito, porque me hace recordar que no se necesitan cosas para
sentirse feliz y pleno. A pesar de las necesidades, la pasábamos bien y puedo
decir que éramos felices dentro de lo que mi madre pudo darnos. Este año me ha
dejado muchas cosas: he llorado mucho, dije un “adiós” que nunca hubiera
querido decir, bajé 42 libras de peso, estoy por correr por primera vez en mi
vida la Carrera de San Silvestre, estoy visualizando un año duro en 2016, pero
lleno de retos y posibilidades. Las pasas que estoy saboreando, me recuerdan
que lo dulce de la vida no está en el pasado, sino en el presente. Que recordar
es bonito, para no olvidar de dónde venimos, pero que lo más importante es
vivir plenamente el presente y tener la esperanza de que el futuro será
impresionante. Hoy… vamos con todo!!!
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