Cuando quise darles forma a las ideas que estaban en mi cabeza, aparecieron muchas opciones, sin
embargo, luego de participar en el programa de 21 días de dar felicidad que un
periódico de mi país genera cada fin de año, y al terminar de leer por qué ese número,
me pareció genial utilizar el mismo fondo para esta serie que deseo compartir
con ustedes: las 21 razones para vivir. No considero que solo sea esa la
cantidad de situaciones por las que debamos disfrutar la existencia, pero sí es
una manera agradable de emprender un camino juntos. La primera de ellas es la
CERCANÍA, y cuando pensé en ese concepto efectivamente es en la manera literal
del mismo. Estar cerca de las personas, de los sueños, de las mascotas, de la
naturaleza, nos enriquece de manera extraordinaria. No somos seres aislados,
somos parte de un todo. Lo que hacemos, decimos y pensamos repercute en otros y
en nuestro propio destino. Pero esa cercanía debe disfrutarse. Hay ocasiones en
las que estamos rodeados de individuos pero no aprovechamos la situación para
conocerles y enriquecernos con sus vivencias. Cuando decidimos estar cerca de
los demás, de manera directa y honesta, conectamos y aportamos tanto como nos
aportan. Un hombre o una mujer que desea plenitud en su vida debe estar cerca
de los demás, interesarse de verdad por las pequeñeces de otros. Estar cerca
es, en conclusión, una buena manera de dar el primer paso hacia una vida plena.
La vida ofrece innumerables retos. Este blog es uno de ellos. Consideralo parte de vos también para que juntos emprendamos la interacción en este viaje maravilloso llamado "vida".
Emprendiendo
Law, People & Happiness
domingo, 11 de diciembre de 2016
domingo, 13 de noviembre de 2016
Día 46. Soy un hombre con esperanza.
El 9 de abril de 2012 escribí en
mi blog “La fe, sea cual fuere, es necesaria para vivir”. En aquel
momento comencé una serie de 3 entradas tituladas “Tener una fe que sustente”,
como parte de los 11 pasos que considero indispensables para alcanzar la
plenitud. Hoy, 13 de noviembre de 2016, más de 4 años después, me levanté muy
temprano. Sentía una urgente necesidad de ir a la iglesia. El fin de semana
pasado no había podido ir por estar hospitalizado. Cada fin de semana, desde el
año 2003 he ido rigurosamente a la misma iglesia. Cuando he estado fuera del
país, he ido a alguna congregación en la ciudad donde me encuentre, y estando
acá en Guatemala, solo recuerdo dos veces en las que no he ido: la primera fue
en 2010, cuando sufrí una gripa que me tuvo en cama una semana, y solo pude
presenciar el servicio desde internet, y la segunda que fue la semana pasada
que estaba en el hospital. Cuando llegué, yo sabía que estaba en el mismo lugar
al que he ido durante los últimos 13 años, pero estaba extremadamente contento.
Sentí como si fuera la primera vez que iba. No pude evitar llorar de la
alegría. Pude derramar tantas lágrimas contenidas en mis entrañas. Eran de
agradecimiento por la vida, por tener el privilegio de ser un hombre con
esperanza. Soy consciente de que hay muchas personas que profesan una fe
diferente de la mía. Y eso es respetable. Lo importante es tener una fe,
ejercerla y aferrarse a ella. En aquella entrada de 2012 a la que hice
referencia al inicio, mencioné que la escritora estadounidense Gretchen Rubin
afirma que existen sendos estudios llevados a cabo por universidades
estadounidenses en los que se comprueba que las personas que tienen creencias y
ejercen su espiritualidad tienden a ser más felices y a vivir más. El pasado
sábado, cuando estaba a punto de entrar a la sala de operaciones, me quedé un
momento solo, cerré los ojos y dirigí una oración a Dios. Me puse a cuentas con
Él y sentí tranquilidad porque sabía que si era tiempo de partir, volvería a
casa. Hoy sigo siendo consciente de que, como escribió Teresa Parodí, “es
hermoso vivir con esperanza”, porque “el amor puede más que lo pasa”. Estoy convencido de que los seres humanos necesitamos desarrollar nuestro lado espiritual. Sin esa parte, estamos incompletos. Hoy, me declaro como un hombre de fe. No digo que eso es la solución a mis problemas y que la vida será sencilla. Lo que sí he comprobado es que gracias a mi fe en Dios los momentos más difíciles han sido llevaderos, y los más felices han sido aún más hermosos. Yo soy Marlon Vega, tengo 42 años de edad, vivo en la ciudad de Guatemala, y declaro que soy un hombre con esperanza.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Día 45: Reflexiones sobre la soledad (catarsis de un convaleciente)
Pdta. Mi siguiente
entrada ya no será tan gris, lo prometo. Necesitaba una catarsis.
martes, 1 de noviembre de 2016
Día 44: La insoportable levedad del ser...
A mediados de los años ochenta, el escritor checo Milán
Kundera publicó en Francia la novela de la que tomo prestado el título de este
post. En aquella obra, se retratan sendas reflexiones sobre la vida sentimental
y la trascendencia, todo eso enmarcado en la cotidianidad. En estos meses de
silencio en los que no publiqué nada en el blog, me he dedicado a vivir
momentos y a disfrutarlos, porque he llegado a comprender la necesidad de
deleitarme con las maravillosas nimiedades que la vida normal puede ofrecer.
Desde amaneceres bucólicos vistos a través de la ventana de mi habitación,
hasta los besos de despedida cada noche que voy a Mixco. Siempre he afirmado
que me gusta vivir y que espero que Dios me conceda extraer la médula de mi
existencia hasta la última gota. Sin embargo, anoche me sucedió algo que nunca
me había pasado en los 42 años que llevo sobre esta tierra: tuve deseos de
morir. Estaba sufriendo un dolor abdominal que no se lo anhelo a nadie. Fui a
parar al hospital, y mientras me hacían exámenes de sangre y me canalizaban
para colocar suero y medicamento intravenoso, ese dolor se volvió francamente
insoportable. Me hizo recordar los espeluznantes relatos que en “David y Goliat”
Malcoln Gladwell detalla en el capítulo sobre los experimentos para tratar a los niños con cáncer
en los Estados Unidos allá por los años cincuenta. Yo mismo me sorprendí de
cómo en un instante de total desesperación quise que simplemente todo acabara.
Que el telón cayera definitivamente. En la sala de espera, mi hermano (ese
amigo y compañero de siempre) hacía guardia esperando los resultados. Luego de
casi 3 horas agónicas, el dolor fue cediendo lentamente. Me costó conciliar el
sueño y no he salido de casa. Cada año, en esta fecha, tenemos la costumbre de
almorzar fiambre en casa de mis padres. Todos los miembros de mi familia
fueron, menos yo. Aún me siento indispuesto. Pero este día me ha ayudado a
reflexionar sobre aquellos puntos que Kundera aborda en su novela. Me he
sorprendido de cómo personas que muy pocas veces me hablan se han preocupado y
hasta me han visitado. Eso reconforta. Ayer tuve deseos de morir. Es quizá de
las pocas cosas que he de arrepentirme. Hoy, a pesar de estar con los ánimos decaídos,
retomo uno de mis arcanos “me gusta vivir”. Ayer experimenté la insoportable
levedad del ser. Hoy reflexiono que a pesar de esa levedad, o más bien, gracias
a ella, la noble tarea de existir es un milagro que se debe disfrutar.
miércoles, 25 de mayo de 2016
Día 43: Lecciones aprendidas en la cama.
Durante los últimos 4 días he valorado muchas cosas simples
que damos por normales. Gracias a una terrible infección gastrointestinal que
me sacó del ring durante este tiempo perdí algunas libras de peso, me deshidraté considerablemente y me ausenté
del trabajo. Estuve literalmente en cama durante 4 días. Situaciones como comer una fruta fresca, saborear un buen filete
de pescado, dormir sin dolor abdominal, y disfrutar de una jornada rutinaria,
desaparecieron durante estas jornadas. ¿Cuál fue la causa? Un bicho que comí con alguna
comida contaminada. Adicionalmente, mi madre (siempre tan presente en los
mejores y los peores momentos) se dedicó a consentirme con las comidas suaves
que medio retenía. Algunos amigos que habían dejado de comunicarse lo hicieron nuevamente,
mostrando preocupación por mi estado de salud. Incluso una antigua amiga me hizo el favor de hablarle a su hijo para que el día que tuve que ir a la
emergencia del hospital me trajera de vuelta a casa. Otro amigo muy querido estuvo
al pendiente y me dio la receta de un “agua
mágica” que hacía su abuelita para estos casos. Realmente valoré que hubiera
tantas personas preguntando constantemente por mi estado de salud... Yo que soy un hombre cuyo tiempo está
meticulosamente medido, ahora pude estar viendo la parsimonia del paso del cada minuto. Mi
amigo Oscar me dijo algo ciertísimo: “Repose. Dios tiene muchas formas de
llamarnos a descansar. Mejor atiéndalo…” Y creo que, como siempre, tenía razón.
Hoy que es el cuarto día, ya me siento con más animo, trabajé desde casa,
pero noté cómo todo mi ser necesitaba ese descanso. Ayer que me levanté un poquito, retomé la
lectura de un libro que hacía meses había dejado “por falta de tiempo”. Estoy
seguro que al finalizar esta semana mi salud se habrá recuperado y, si Dios lo
permite, ya el lunes comenzaré con mi rutina diaria de trabajo largo, gimnasio
y comida de dieta. No quiero dejar el libro que retomé; debo terminarlo.
La lección aprendida de esta experiencia trasciende la salud física.
Primero: cuando se descansa hay qué hacerlo en serio, porque solo así se pueden
renovar las energías y ser más productivo. Segundo: las personas a las que
realmente les importás, estarán pendientes de vos en los momentos críticos y aunque
no hayas sido una buena persona en el trato, siempre se podrá contar con ellas,
y eso exige la responsabilidad de valorarlas, respetarlas y conservarlas.
Tercero: Lo más trivial puede convertirse en algo que se extraña, por lo tanto
no hay qué lamentarse por lo que no se tiene sino agradecer lo que se posee. Por
ejemplo, la sola capacidad de dormir profundamente es una bendición de la que
muchos adolecen. Cuarto: hay qué
enfocarse en ser responsable y cumplir con las obligaciones diarias, pero nunca
se debe descuidar la recreación. Estos 4 días fueron de enfermedad, sí. No
obstante, fueron una escuela maravillosa. Aprendí lecciones en la cama. A partir de ahora, ¡voy con todo!
lunes, 9 de mayo de 2016
Día 42: Los primeros trazos. Oda a mi madre..
Cada vez que escribo sobre una hoja de papel recuerdo cómo
fue que aprendí a dibujar las vocales. En aquellos tiempos lejanos de mi
infancia, iba en las mañanas al colegio y se abrían nuevos horizontes delante
de mí. En las tardes, tenía qué hacer las planas e intentar hacer los trazos
redondeados que ponía de muestra mi maestra. En los primeros cuadernos hacía
puntitos, líneas verticales y horizontales, óvalos y después de varias semanas
finalmente las esperadas vocales en letra de molde. No era diestro para sujetar
el lápiz, pero entonces, sucedía el milagro. Cada tarde, había una mano más
morena, gordita y tibia que sujetaba mi mano, me colocaba correctamente el
lápiz y comenzaba a guiarme sobre cómo hacer las letras. Era algo de todas las
tardes. Ella, mi madre, a pesar del cansancio que representaba la jornada que
comenzaba desde la madrugada, levantándose a acarrear agua (porque no teníamos
agua potable en casa), a lavar ropa con sus propias manos y a preparar los desayunos
de sus hijos y la merienda para mí. Luego de dejarme en el colegio se iba a
vender comida para sostener la casa y regresaba corriendo para cuando yo volvía
de estudiar. Tenía suficiente tiempo para dedicármelo y guiar mi mano para
escribir. La primera vez que uní un círculo y una línea vertical estaba
emocionado porque finalmente había escrito por mí mismo la letra “a”. Ella
celebraba cada avance. Esa mano aún está presente cuando no uso el computador
sino que escribo sobre una hoja de papel. Si ella no me hubiera dedicado tiempo
y no hubiera guiado mi mano, quizá nunca habría entendido el significado de la
primera oración que escribí “mi mamá me ama”. Hoy, treinta y siete años después
mantiene un significado recurrente, y la complemento con otra de las oraciones
que escribía por aquel tiempo “yo amo a mi mamá”. En Guatemala, se celebra el
día de las madres cada 10 de mayo. Y hoy no podía dejar de escribir sobre esa
mujer maravillosa que me enseñó a hacer mis primeros trazos. Ella, mi madre, no
solo me hizo el favor de guardarme en su vientre por nueve meses, también me
abrió un mundo maravilloso cuando tomó mi mano, y amorosamente me enseñó a
dibujar sonidos…
domingo, 1 de mayo de 2016
Día 41: Después de 60 días de silencio...
Hace exactamente dos meses escribí la última entrada del
Blog. Fueron 60 días en los que voluntariamente quise estar callado. Sabía que
en ese lapso de tiempo acontecerían varias fechas que son muy importantes para
mí, y además necesitada darme un descanso. Es bien sabido que quien sabe
trabajar bien, sabe descansar bien. Durante este tiempo he logrado superar
muchos obstáculos que habían venido dándose en mi vida. He logrado readecuar
varios sueños, y me he mantenido firme en muchas decisiones que he tomado.
Gracias a Dios he podido ir en un rumbo correcto. Durante este lapso de tiempo
he logrado meditar que cuando las cosas no marchan tan bien como quisiéramos
corremos el riesgo de caer en la creencia de que nuestras vidas son un conjunto
de ciclos donde hay subidas y bajadas, y donde podemos hacer poco o nada para
corregir ese destino. Creer eso, es resignarse a que nada será mejor a pesar de
los esfuerzos, porque se tiene la idea de una vida cíclica, inevitable. Otra
perspectiva, quizá haga que las cosas sucedan, y es la que considera que en
lugar de una repetición constante de acontecimientos, la existencia es lineal.
Donde el ser humano no es presa de los ciclos sino que es el dueño de su
futuro. Las líneas pueden ser ascendentes o descendentes. De ahí el concepto de
causalidad, o la ley de siembra y cosecha. Si se hace lo correcto, tarde o
temprano se tiene como recompensa algo bueno. De igual manera, si se hace algo
malo, siempre llegará la consecuencia del acto. La trascendencia no se mide por
los bienes materiales que se acumulan sino por las ideas y los aportes que se
hacen al género humano. De seguro muchos de nosotros somos y seguiremos siendo
anónimos. Nuestros nombres no saldrán en los noticieros ni en los periódicos
más importantes. Es muy probable que ni siquiera los líderes locales sepan
nuestros nombres, pero lo cierto del caso es que tenemos la posibilidad de ser
hombres y mujeres que trasciendan el anonimato, dejando en las personas que
conviven con nosotros una huella imborrable. Las palabras dichas a tiempo, los
gestos hechos en el momento oportuno y la generosidad sin publicidad son los caminos
más seguros para dejar un rastro positivo de nuestro paso por esta tierra.
Estos 60 días me han fortalecido. Hay mucho por hacer! Tantas cosas por decir y
escribir! Es tiempo de ir por todo!!!
lunes, 29 de febrero de 2016
Día 40. La Generosidad (más allá del dinero y los bienes materiales)
Cada 4 años tenemos un 29 de febrero. En 2012, escribí eso en mi muro de Facebook. Hoy que leí esa publicación del recuerdo me percaté que este tiempo transcurrió como un parpadeo. Muy rápido. Sin embargo, durante este período, he acumulado experiencia. He reído, llorado. He amado y he tenido pérdidas. He avanzado y retrocedido. Me ha pasado tanto!!! Independientemente de lo que haya pasado en mi historia, lo que he vivido (haya sido bueno o malo) me ha permitido crecer. Aprender. Y todo ese cúmulo de sabiduría puede ser la herramienta más poderosa para impactar la vida de otros. En varias ocasiones he escrito sobre la importancia de ser generosos. Y cuando leemos la palabra "generosidad" generalmente la asociamos con bienes materiales o con dinero. Sin embargo, también comprende el tiempo que compartimos con otros y los consejos que podemos dar sobre la base de lo que ya hemos vivido. Ser generosos implica dar (y si lo que podemos regalar son lecciones para que otros no cometan los mismos errores que nosotros y puedan crecer con mayor celeridad, estaremos siendo hombres y mujeres que dan). Eso es lo maravilloso de vivir: no importa lo que pase; siempre podremos aprender para aportar valor a los demás. Si tuvimos una pérdida (de un ser querido o de una relación) con el correr del tiempo y luego del proceso de duelo, nos fortalecemos y podemos apoyar a quienes pasan situaciones similares. Se nos da la posibilidad de sumar y no de restar. Se nos permite consolar, porque ya una vez estuvimos en ese lugar. La generosidad también tiene qué ver con las palabras y las acciones. Es increíble cómo un simple gesto o una palabra de cariño y afirmación dicha a tiempo puede representar un milagro para alguien más. No callar lo bueno que tenemos qué decir, por lo tanto, también es una muestra de grandeza. Con lo dicho anteriormente, no digo que haya qué dejar de ayudar a la gente más necesitada que nosotros, ni tampoco digo que dejemos de aportar materialmente a otros (iniciando por nuestra familia). Sin embargo, sí afirmo que una forma espléndida de "dar" es por medio de los gestos y las palabras. Hay tanta gente en el mundo que está tan acostumbrada a recibir insultos y negativismo, que cuando alguien se le acerca para dar aliento o afirmar sus cualidades, al principio reaccionan con cautela y hasta desconfianza, porque se les muestra que su universo puede ser mejor. Y lograr eso, es convertirse en un milagro. A veces, los gestos más sencillos e irrelevantes (para nosotros) pueden ser la respuesta que alguien más está esperando. Hoy es un día que solo pasa cada 4 años. No esperemos a que sea 2020 para decirnos que hemos aprendido más y que hemos vivido mucho, si lo que hemos acumulado no lo hemos compartido para sumar a los demás. El reto es convertirnos en milagros vivientes. En personas que dicen palabras amables (no aduladoras). En quienes sumamos y multiplicamos, no restamos ni dividimos. Hoy, vamos con todo!!!
martes, 23 de febrero de 2016
Día 39. La voz de mi madre.
Eran más o menos las 7 de la noche cuando cerramos los
computadores portátiles y comenzamos a charlar un poco de la vida personal con
una compañera de trabajo. La jornada de hoy fue muy larga y pesada (casi 12
horas). Dentro de la conversación, ella me comentó que ha habido ocasiones en
las que ha sentido la presión que representa ser una madre soltera que ha
tenido que sacar adelanta a sus dos hijos. Me mencionó que ha sido complicado
en muchas ocasiones. Yo le conté que he tenido situaciones similares y que a
veces las cosas están tan mal que no veo salida. Sin embargo, he descubierto
que me basta con hacer una llamada telefónica para encontrar tranquilidad. Le
conté que cuando estoy en situaciones difíciles, marcó el número de mi madre y
que solo con escuchar su voz me tranquilizo. Siento que todo está bien. Ella no
sabe que su voz tiene ese efecto en mí, pero es (como escribió Mario Benedetti)
“mi conjuro contra la mala jornada”. Cuando yo era niño –de unos 6 o 7 años
quizá- en las tardes solía colocarme sobre el abdomen de mi madre y colocaba mi
oído sobre su corazón. Ese palpitar me arrulló tantas veces. Creo que el efecto
que su voz tiene en mí ahora que soy un hombre de casi 42 años es el resultado
de haberla escuchado cuando me hablaba mientras mi ser se iba formando en su
vientre y de esas tardes en las que su corazón me cantaba tranquilidad… No pude
evitar sentir nostalgia, cuando le comenté esto a mi compañera de trabajo.
Haber caído en la cuenta de lo importante que mi madre es y lo positiva que es
su influencia en mis momentos difíciles me hizo ver lo afortunado que soy al
tenerla aún conmigo. Casualmente, hoy ella publicó en su muro de Facebook una foto de sus 3 primeros hijos cuando yo tenía
6 años, mi hermano 2 y, una de mis hermanas, 3. Al salir de la oficina, tomé el
teléfono y marqué su número. Le hice unas bromas sobre la foto y me contó que
la tarde había sido de recuerdos porque con mi tía estuvieron viendo muchas
fotos de nosotros. Y me dijo “en ese tiempo yo era muy pobre pero era feliz
porque pasaba mucho tiempo con ustedes, hoy ustedes me dan dinero pero casi no
compartimos”. Esa declaración de mi madre me hizo pensar que he cometido el
error de no darle tiempo. No se cuántos años más tendré la fortuna de contar
con ella. Solo sé que quiero que ella sepa cuánto la amo y lo importante que es
para mí. Pero no quiero decirlo, quiero demostrarlo. Ella me llevó en su
vientre, me formó, ha sido ejemplo, se arrullaba en aquellas tardes, jugaba
conmigo, me tomaba de la mano para enseñarme a escribir las primeras letras, me
da tranquilidad con solo hablar al teléfono. Lo menos que puedo hacer es
demostrarle lo importante que es para mí… Estoy ya en casa… abro el
computador. Escribo estas líneas… Hoy no hay consejos ni análisis…. En esta
noche solo hay un hombre que se siente agradecido e inmensamente afortunado por
la Lucy (mi madre)… Hoy ya escuché su voz... me siento tranquilo…
martes, 9 de febrero de 2016
Día 38: Yo, el aburrido. (Apología del respeto a los demás)
Hace poco más de un año, alguien que en ese momento era muy
cercano a mí, me dijo que yo era “un aburrido”. A inicios de enero un amigo me
dijo lo mismo y la semana pasada que fui a cortarme el cabello, el barbero me
etiquetó con ese mismo epíteto. Si no estuviera conforme y alegre con mi estilo
de vida, ellos habrían terminado destruyendo mi autoestima. Dos de estas 3
personas me llamaron así porque les conté que no bebo, ni fumo y que disfruto
mucho más de una charla acompañada de un café o de ver películas. La otra, me
dijo eso porque yo prefería quedarme en casa a leer que ir a gastar el dinero
en un antro. Cuento todo esto porque creo que dentro de la definición de
respeto debe incluirse también el no emitir juicio de valor sobre la manera en
la que otros disfrutan su tiempo libre. El hecho de que a mí me gusten los
juegos de mesa no me da el derecho de demeritar a quienes prefieren los
videojuegos. Los seres humanos somos seres gregarios por naturaleza.
Necesitamos unos de los otros. Ese es un axioma tan cierto como el hecho de que
convivir en total armonía es complicado. Pero justamente por la necesidad que
tenemos unos de otros y de que los demás enriquecen nuestras vidas, es que
deberíamos (como dijo Hillary Swank cuando recibió el Oscar por su actuación en
la película “Boys don´t cry), celebrar la diversidad en vez de remarcar
nuestras diferencias. Un ser humano que critica a otros es un individuo que no
está conforme consigo mismo y que descarga sus frustraciones en los demás. No
quiero sonar farisaico porque yo también he cometido el error de agrandar los
valles que me separan de otras personas en vez de tender puentes. En la vida,
he aprendido que debo ser cortés, agradecido, generoso y paciente, pero además
me he dado cuenta de que nada de aquello sería apreciado si no lo acompaño de
una buena dosis de respeto. Cada ser humano, por su sola condición, tiene
dignidad, y uno de los secretos más importantes para formar relaciones
duraderas es la de reconocer esa cualidad… Puede ser que yo sea un aburrido (a
los ojos de quienes tienen un estilo de vida diferente), tanto así que incluso mi hermano me ha dicho
varias veces “qué triste tu vida” solo porque cuido lo que como y trato de no
ingerir alimentos que me pueden dañar. Sin embargo, he aprendido a vivir con
esas críticas. Dicho todo lo anterior, la pregunta es: ¿no sería mejor que en lugar
de remarcar nuestras diferencias, celebráramos la riqueza que nos da el ser tan
diferentes y tener formas tan disímiles de disfrutar la existencia? La
construcción de relaciones sanas comienza con el respeto. A partir de ahí, se
aporta, se suma, se multiplica valor a los demás. ¿Es mejor criticar o dejar
vivir? Hoy, vamos con todo….
lunes, 11 de enero de 2016
Día 37. La maravillosa levedad del ser...
Una situación es segura: llegará el día en que yo dejaré de
existir y lo que hoy es importante, para entonces ya no tendrá ningún valor...// Hoy en la mañana sentía un fuerte dolor en el pecho. Hubo un momento en el que
asusté y acudí a la clínica médica de la empresa en la que presto mis
servicios. (He escuchado tantas historias de personas que comienzan con dolores
así y al poco tiempo sufren infartos. A eso hay qué agregar la hipocondría que –quienes
me conocen- saben que padezco). Cuando le comenté al médico los síntomas, su
primera pregunta fue: “¿has estado sometido a mucho estrés últimamente?”. Mi
respuesta fue “sí”. Entonces me replicó: “creo que sé de qué se trata”, y me
ordenó que me recostara en la camilla para los exámenes de rigor. Al presionar
varias partes de mi pecho, finalmente dio con el punto donde más sentía el
dolor. Entonces el doctor me explicó que afortunadamente no era nada coronario,
sino del esternón y que había un punto específico donde convergen una vena, una
arteria y un nervio que se dilatan cuando se está sometido a estrés y eso
provoca ese tipo de dolor. Me recetó un medicamento. Lo tomé y, una hora más
tarde, estaba bien. Sin embargo, este episodio me hizo replantearme muchas
preguntas sobre mi propia existencia. (Dentro de pocos días voy a cumplir 3
años de haber conocido a quien creí era la persona indicada y no lo fue.
Adicionalmente, en el trabajo he estado sometido a tiempos muy estrictos y
negociaciones para cumplimentar ciertos requerimientos legales insoslayables.
He tenido algunos atrasos con ciertos pagos que no me han hecho, lo que a su
vez me ha imposibilitado de responder a algunos acreedores. He pasado varios
días sin escribir a pesar de que tengo ideas. Y la lista de asuntos sigue…).
Ante todo esto ¿qué provecho trae a mi vida estar tan afanado con situaciones como
esas? ¿Vale la pena preocuparse tanto? ¿Es posible una existencia diferente?
Fueron algunas de las interrogantes que me planteé y sin lugar a dudas llegué a
la conclusión de que dado que llegará un día en que dejaré esta tierra y que el
tiempo corre demasiado rápido, no es justo para mí mismo afectar mi salud por
la preocupación o tristeza de situaciones que algún día se morirán conmigo. No
digo con esto que hay que ser cínicos o despreocupados. Solo afirmo que debemos
darle su justa dimensión. Reparar lo roto. Perdonar. Restablecer
relaciones. Trabajar y dar resultados. Buscar la excelencia. Pero no afanarse.
La vida tiene altibajos. Hoy estamos en la cima y quizá mañana nos toque estar
en el fondo. Cuando subimos la montaña rusa, el viaje es emocionante. Sube y
baja. Pero todo sucede demasiado rápido. Así es la existencia. Y si es tan
corta, lo mejor que podemos hacer es disfrutarla. Sanamente. Y actuar
con valentía. Entrar, como escribió Yourcenar, con los brazos abiertos… El oficio de "SER" es muy leve (como dijo Kundera), pero es maravilloso... Hoy,
vamos con todo…
jueves, 31 de diciembre de 2015
Día 36. Adiós 2015...
Bastó una hora, seis minutos y cuarenta segundos para que
cruzara la meta de la primera carrera en la que que participé. Desde hace
varios años he ido a ver la tradicional San Silvestre de ciudad de Guatemala.
Un evento muy divertido y familiar donde muchas personas participan
disfrazadas. Siempre había sido un espectador, pero este año me propuse ser
parte. Lo hice. Corrí los 10 kilómetros sin detenerme. Iba motivado. En el
kilómetro 7 me sentía un poco cansado pero estuve repitiéndome que no había
llegado a ese instante para darme por vencido. Al entrar en el estadio Nacional
donde se encontraba la meta, se apoderó de mí una sensación de alegría que he
experimentado pocas veces. Al cruzar la meta, no pude evitar que se me
escaparan un par de lágrimas. Dios me había concedido la dicha de convertir un
reto personal en realidad. En cierto modo, ha sido una forma maravillosa de
terminar un año complicado en mi vida. En este 2015 pasaron muchos eventos que
me marcaron para siempre. En este mismo momento en el que escribo, acabo de regresar de la iglesia. Fui a dar gracias al
Creador por haberme mantenido vivo en este año y por permitirme tener a mi
familia con bien. He tenido comida, techo y vestido, y en parte me ha permitido
proveerles a quienes amo. A pesar de las pérdidas durante la mitad del año,
Dios ha sido inmensamente misericordioso y generoso conmigo. Este año conocí
personas espléndidas que se convirtieron en excelentes amigos y compañeros de
trabajo. Aunque técnicamente en varias partes del mundo ya es 2016, acá en
Guatemala aún no lo es y quise dedicar mi última entrada de este año a dar
gracias por la vida. Gracias a mi familia por estar ahí siempre (cada uno por
nombre son importantísimos para mí). Gracias a mis amigos entrañables (los de
todo el tiempo, los nuevos y los que han de venir). Gracias a quien todavía durante parte del
primer semestre de 2015 compartió su vida conmigo. Gracias a quienes me leen en
el blog, por las más de tres mil cien visitas y por hacerme sentir vivo.
Gracias por los buenos momentos. Este año, termina con vivencias inolvidables y
mucha esperanza. Este 2015 se acaba, y así como me sucedió cuando crucé la
meta, hoy por la tarde, no puedo evitar que se escape alguna lágrima. He
corrido un tramo de la carrera de la vida (este tramo se acaba hoy), mañana
comienza uno nuevo con 366 posibilidades. Cierro el año en paz. En 2016, vamos
con todo!!!
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Día 35: Un evento inesperado...
Esta mañana me levanté más tarde de lo normal porque tenía
que realizar una diligencia cerca de mi casa, por lo tanto no tenía qué
madrugar como suelo hacerlo. Mientras los rayos del sol matutino entraban por
la persiana de mi ventana, comencé a hacer un recuento de este año. (Es
imposible escapar a la tentación de hacerlo). Pensé mucho en mi equipo trabajo.
Mis más cercanos colaboradores. Reflexioné que en estos días he sido muy
exigente y duro con ellos. Incluso tenía la percepción de que algunos de ellos estaban a la defensiva. Me propuse llegar a la oficina e ir llamándolos a
cada uno para inquirirlos sobre lo que les estaba molestando y para aclarar las
cosas. He aprendido que para que nuestro departamento de Recursos Humanos
avance, todos debemos poner de nuestra parte y la comunicación no debe
perderse. En este momento estamos en un proyecto que tiene fecha límite el 12
de enero. Al llegar a la oficina, respondí algunos correos electrónicos y luego
llamé al colaborador que más alejado había sentido (y a quien, además, había
llamado la atención por haber llegado en jeans y no con el uniforme). Le
pregunté si estaba molesto o si había algo que lo incomodara y su respuesta
fue: necesito que hablemos abiertamente, pero también es indispensable que el
resto de mis compañeros líderes de Recursos Humanos estén presentes. Lo dijo de
una manera tan seria que me preocupó. Sin embargo, me gusta escuchar a mi
equipo y accedí a su petición. Llamamos a los otros 6 miembros del equipo y uno
a uno fueron entrando de manera muy poco usual (circunspectos). Entonces
Amilcar, el que había pedido que estuviéramos todos presentes comienza a
hablar, más o menos en los siguientes términos: “sabemos que a vos te toca
soportarnos y soportar a muchos en esta empresa y no hay quién te motive, por
lo que queremos darte un presente”, y sacó una bolsa de papel de un restaurante
de comida rápida. Lo recibí (un poco contrariado dado que había acabado de
desayunar). En ese momento, recibí una llamada que me molestó por varias
razones pero al colgar, recibí la bolsa y al abrirla no había comida sino otra
bolsa, esta vez una muy bonita con una moña de listón de tela. La marca en
letras doradas de una joyería reconocida resaltaba en esta segunda bolsa. Abrí
la moña, y dentro había un regalo delicadamente empacado en papel plateado y
moña azul. Lo destapé y cuando lo abrí, había dentro una pluma y un portaminas
de una marca que particularmente me gusta. Me sentí muy conmovido. Luego, otro
de los miembros de mi equipo, con quien también he sido muy duro, tomó la
palabra y dijo algo así “de todos los jefes que he tenido he aprendido algo,
pero sin temor a equivocarme puedo decir que de vos he aprendido más y no solo
para el trabajo sino para la vida”. El resto de mi equipo tenía una sonrisa
desbordante. Comencé a agradecer, y no pude evitar que la voz se entrecortara.
Con un gesto tan inesperado, de una manera tan diferente. Me hicieron sentir
muy bien. Estoy seguro de algo. Un detalle como ese se agradece y queda marcado
en las entrañas para siempre. Yo creía que había influido en ellos, pero con
ese gesto, influyeron inevitablemente en mí. Ayer dije que era mi penúltima
entrada, pero necesitaba contar esta maravillosa historia, antes de escribir el
último post de este año. Hoy me hicieron sentir genial. El equipo del que me
enorgullezco me conmovió. No solo me siento respaldado por ellos. Ahora me
siento querido. De eso se trata la vida. De esos momentos que te marcan. Con
más razón digo: hoy, vamos con todo!!!
martes, 29 de diciembre de 2015
Día 34: Cuando comés con sabor a infancia...
En vista de que desde hace poco más de 15 años se ha vuelto
tradición que el almuerzo del 1 de enero sea un acontecimiento familiar donde
comemos pierna de cerdo, y donde llegan mis primos, sobrinos y cuñados, hoy
tuve qué pasar al supermercado a comprar algunos ingredientes para marinar la
carne y para la preparación de la salsa de vino y café que espero les guste a
los comensales. Mientras iba entre los
pasillos me encontré con unas cajas de pasas (de una marca muy conocida en ese
producto) y con solo ver el empaque evoqué mi infancia. En el paladar comencé a
sentir el sabor dulce de esos frutos secos. No me pude contener y compré un
paquetito con 6 cajitas –idénticas a las que comía cuando era niño-… Ya he
contado en otras entradas que cuando era pequeño no teníamos las comodidades ni
posibilidades que ahora tenemos (gracias a Dios). Y recuerdo muy bien que en
una época de fin de año (allá por 1982), mi tío Manolo –hermano de mi papá- nos
llevó varios regalos a mis hermanos y a mí. Sin embargo, de las dádivas yo
recuerdo 2 cosas que me impresionaron: 1. Una cajita roja con frutos secos que
cuando comencé a comerlas, supe que serían de mi gusto durante toda mi
existencia y 2. Un removedor para café hecho de plástico blanco, con una letra
M estilizada en la parte de arriba. Recuerdo que le pregunté a mi tío qué
significaba esa consonante y me explicó que era de un restaurante de comida
rápida, al que nunca había ido yo, dado que las posibilidades económicas no le
habrían permitido a mi madre pagar por un menú en ese lugar. Mientras escribo
esta penúltima entrada de 2015, estoy comiendo unas pasas, y me recuerdo de
esos años. Sin duda alguna lo que me ha tocado vivir ha sido espléndido. Evocar
esos tiempos es bonito, porque me hace recordar que no se necesitan cosas para
sentirse feliz y pleno. A pesar de las necesidades, la pasábamos bien y puedo
decir que éramos felices dentro de lo que mi madre pudo darnos. Este año me ha
dejado muchas cosas: he llorado mucho, dije un “adiós” que nunca hubiera
querido decir, bajé 42 libras de peso, estoy por correr por primera vez en mi
vida la Carrera de San Silvestre, estoy visualizando un año duro en 2016, pero
lleno de retos y posibilidades. Las pasas que estoy saboreando, me recuerdan
que lo dulce de la vida no está en el pasado, sino en el presente. Que recordar
es bonito, para no olvidar de dónde venimos, pero que lo más importante es
vivir plenamente el presente y tener la esperanza de que el futuro será
impresionante. Hoy… vamos con todo!!!
viernes, 25 de diciembre de 2015
Día 33: 4to. Aniversario
La noche del domingo 25 de diciembre de 2011, luego de haber
leído a Gretchen Rubin en "The Happiness Project" y a Sofía Macías en el "Pequeño
Cerdo Capitalista", y despúes de haber visto la película Julie & Julia,
decidí por fin escribir un blog. Estaba sólo en mi apartamento de la zona 2,
sentado en el pequeño sofá café y coloqué el computador portátil en mis
piernas. No sabía de qué escribir. Solo sabía que quería hacerlo. Doce meses
más tarde, había escrito 93 entradas y tenía más de 5 mil visitas. Era un logro
para mí. Es curioso cómo cada 25 de diciembre, ha representado un resurgimiento
para mi existencia. Al revisar mis publicaciones de Facebook de 2010, leí un
post en el que me aconsejaba a mí mismo “vivir, ser descaradamente feliz”. Y al siguiente año
emprendí la aventura del blog. En 2013 guardé silencio. En 2014 hice un tímido
intento y este año retomé a partir de octubre el oficio de escribir. Este 25 de
diciembre de 2015 fue un despertar también, porque logré desahogar muchas cosas
que tenía guardadas y que me estaban haciendo daño. Mientras las decía se
aceleró mi pulso, pero sentí una liberación increíble. No grité, no ofendí, no
reclamé. Solo me dejé fluir la tristeza. Estoy como aquella noche de 2011,
frente a una hoja de Word en blanco, con tantas ideas en la cabeza que los
dedos parecen lentos al querer transformar los pensamientos en palabras. Hay
muchos retos que se aproximan en mi vida. Estoy a poco menos de una semana de
correr la primera carrera de mi vida y me siento muy emocionado por eso, porque
a pesar de que son solo 10 kilómetros, paso de ser un espectador a ser participante.
Hoy hablé con mi hermano sobre las preocupaciones que tengo para el nuevo año y
me dijo que leyera un letrero que justamente apareció frente a nosotros
mientras íbamos a casa: “no debemos preocuparnos porque tenemos un Dios
proveedor”. Hoy fue un día genial. Cumplo 4 años de haber iniciado a bloggear,
y aunque me falta mucho por aprender, seguiré escribiendo. A partir de hoy… vamos con todo!!!
Posdata: (siempre nuestro)
jueves, 24 de diciembre de 2015
Día 32. Navidad: recuerdos e historias.
La Nochebuena evoca muchos recuerdos en la mayoría de las
personas. Algunos piensan en momentos memorables y seres entrañables que han
partido, y otros rememoran la fecha con nostalgia e incluso con tristeza. En
países como Guatemala, cada quien tiene historias de estas fechas qué contar.
En general, los sentimientos afloran. Hoy he tenido ocasión de leer en el muro
de Facebook de varios amigos, sendos mensajes de armonía y felicitación por la
fecha. No ha faltado quiénes han escrito que se sienten solos o tristes por
diferentes razones. Adicionalmente, algunas empresas han optado por hacer
publicidad indicando que los protagonistas de la navidad somos nosotros. Otra
compañía causó polémica por la utilización de colores en sus recipientes, solo
por ser “políticamente” correctos,
olvidando el verdadero origen de la navidad. Hay quiénes también se pierden en
la discusión bizantina de que no hay certeza ni evidencia histórica de que el
24 de diciembre fue el nacimiento de Jesucristo. Y efectivamente sabemos que no
fue en esta fecha, ni tenemos fuentes que nos indiquen con exactitud cuándo se
dio tan maravilloso acontecimiento. Todo esto que he mencionado, hace que la
celebración de navidad pierda su significado verdadero. La razón por la que la
iglesia primitiva adoptó esta fecha para conmemorar el nacimiento de Jesús, en
la fecha de una celebración que antes era pagana, no era la fecha en
particular. Era el mensaje implícito en la Navidad. Para quiénes profesamos la
fe cristiana, la noticia de la encarnación del Hijo de Dios es la razón de la celebración.
Es la noticia de que Dios quiso habitar entre nosotros y esa historia es la
verdadera protagonista. El nacimiento del Salvador no era para entristecerse,
hacer compras innecesarias, endeudarse, beber o deprimirse. Esas son las cosas
que provocan el alejarse del significado verdadero de la navidad. Cuando
hacemos que nuestra historia personal (por muy feliz o lamentable que sea) ceda
el espacio a esa maravillosa historia, entendemos el por qué de la celebración.
Dios es amor, y la navidad es un recuerdo de eso. El amor todo lo cree, todo lo
soporta, todo lo puede. El amor nunca deja de ser. Y cuando alcanzamos esa
convicción, aunque estemos solos, o extrañando a seres queridos que ya no
están, nos alegramos por el hecho de que vivimos lo vivido. Hoy es un día para
celebrar, para decirles a quienes son importantes para nosotros, cuánto los
amamos, para abrazar y para levantar el ánimo. Hoy no es una celebración para
estar tristes por lo que no se tiene o por quienes no están, sino para
agradecer a Dios por todo lo que tenemos y por el privilegio de ser parte de la
vida de quienes están lejos o ya partieron a la eternidad. En esta navidad…
vamos con todo…
Posdata: A vos, que sabés que te escribo: Deseo que Dios te
conceda una celebración maravillosa con tu familia. Hoy estuve recordándote
mucho y, sin que lo supieras, me arrancaste varias sonrisas cuando rememoré los
maravillosos momentos que vivimos juntos. ..
martes, 1 de diciembre de 2015
Día 31: La forma de las nubes. (conservar ojos y alma inocentes)
Cuando tenía 10 años de edad, ya habíamos construido la casa
de mis papás. Habíamos pasado de una vivienda de madera y lámina a una hecha de
blocks y concreto. El techo (aún hoy) es una terraza, y recuerdo que en aquella
época, cuando regresaba del colegio, luego de almorzar y de hacer mis tareas,
subía usando una escalera de madera (porque aún no estaban hechas las gradas
que hoy existen) y me tumbaba a ver el cielo. La inmensidad del firmamento azul
me impresionaba, y me ponía a buscarles forma a las nubes. Algunas noches subía
también y observaba las estrellas. Era una actividad constante. La bóveda celeste siempre me
impresionó. Y aún hoy lo sigue haciendo. // La época de lluvia me encantaba
porque cuando comenzaba la tormenta, salíamos con mis hermanos a mojarnos y a
jugar bajo el aguacero. Mi madre (siempre tan presente y fabulosa) se nos unía
muchas veces y disfrutábamos de las empapadas que nos dábamos. Luego del juego
entrábamos a la casa, nos bañábamos y mi mamá nos preparaba un atol de maizena.
// ¡Las cosas sencillas me maravillaban!// Conforme crecemos, vamos perdiendo
esa capacidad de asombro. El corazón comienza a cauterizarse y justificamos esa
pérdida de inocencia diciendo que “estamos madurando” o que “tenemos los pies
sobre la tierra”, pero la realidad es que perdemos uno de los tesoros más
hermosos que un ser humano puede tener: un corazón simple e ingenuo. Yo conocí
a alguien a quien yo le decía que lo más hermoso que tenía era su inocencia, y
en momentos de enojo me refutaba diciendo que “nadie valora eso”. Y es posible
que haya tenido razón, pero para que algo sea valioso no necesita ser aprobado
por los demás. Basta que creamos que tiene gran valía para que así sea. Con el
tiempo fue cambiando y abandonó esa ingenuidad que le daba un halo maravilloso.//
Al afirmar que debemos mantener ese candor de la infancia, tampoco estoy
diciendo que debemos ser inmaduros o comportarnos como Oscar Matzerath (el
personaje de la Novela “El Tambor de Hojalata” del alemán Gunter Grass), quien
se negaba a crecer. No, no me refiero a eso. Me refiero a que deberíamos
mantener un corazón que se maravillara con el cielo, con un abrazo, con una
llamada. Un alma que encontrara felicidad en las cosas simples, las que no se
adquieren con dinero. En este mes que comienza muchos se ponen nostálgicos por
la gente que ya no está y por otras razones. También trae lindos recuerdos de
la infancia o de fines de año pasados. Es una excelente época para hacer que el
niño interior se manifieste. ¿Qué tiene de malo o de extraño mantener una parte
inocente en nuestro corazón? Nada. Solo tiene espectaculares posibilidades,
porque como escribió la francesa Marguerite Yourcenar “el catador de belleza
termina encontrándola en todos lados”. En este inicio de mes y fin de año te
desafío a recuperar tu capacidad de asombro, a soñar, a amar como lo hace un
niño. A sentir que podés volar y que cada mañana es una espléndida posibilidad.
Te invito a no ser tan adulto y ver, en tu vida, lo milagroso y genial que es
existir. Hoy, vamos con todo…
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Día 30: GRACIAS...
El cuarto jueves de noviembre cada año, los estadounidenses
celebran el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving
Day). En el que se rememora el agradecimiento que los primeros colonos de
Estados Unidos dieron por las cosechas conseguidas en el año y por la convivencia
pacífica con los nativos de aquellas tierras. Con el correr del tiempo, y
gracias a la globalización y las telecomunicaciones, esa tradición se ha ido
conociendo en otras latitudes y en muchos lugares se celebra, aunque no sea
parte de las tradiciones oriundas. En mi caso particular, ya he escrito otros
años que es una fecha y conmemoración que aunque nada tiene qué ver con
Guatemala, tiene un trasfondo que me encanta. El dar gracias es la
manifestación más elocuente de un alma madura y consciente de su lugar en esta
tierra. Por esa razón es que yo sí conmemoro el cuarto jueves de noviembre de
cada año, la cena de acción de gracias. Desde hace varios años invito a varios
de mis amigos íntimos a compartir unas viandas propias de fin de año (preparo
pollo porque no me gusta el pavo –chompipe,
en guatemalteco-). Este año no será la excepción, y como las veces anteriores,
he pedido a quienes asistirán que piensen en las razones por las que deben dar
gracias por este año 2015, ya que ese será el tema de conversación en la mesa,
luego de la oración de gratitud al Creador. En mi caso, por cada día de este
año tengo miles de razones por las cuáles agradecer. Dios ha sido
misericordioso y me ha permitido vivir, ha cuidado a los míos y me ha hecho
rico con las amistades que tengo. A cada miembro de mi familia debo agradecerle
el amor que me demuestran. El hecho de saber que están ahí y de amarme a pesar
de conocer lo mejor y lo peor de mí me hace admirarlos porque no soy una
persona de fácil trato. A mis amigos, esa familia que elegí, les agradezco por
llenar mi existencia con momentos memorables. Sus palabras, sus abrazos, sus
mensajes de whatsapp, sus llamadas telefónicas me dan la certeza de que existo.
A mis compañeros, jefes y subalternos de trabajo les agradezco por ser parte de
mis días y por crecer y avanzar conmigo. A quienes leen este blog les agradezco
el tiempo que me dedican. // Sin duda alguna, el acto de agradecer debería ser
una moda que deberíamos imponer. Si hay gente que sucumbe a otras
celebraciones, ¿por qué no adoptar el dar gracias, no solo el cuarto jueves de
cada noviembre, sino todos los días? Y no importa si hacemos una cena o una
fiesta, o si servimos chompipe o frijoles. Lo importante es el acto de
agradecer. No sabemos si nosotros o las demás personas que modelan nuestro
mundo morirán hoy o mañana y nos quedemos con palabras que quizá quisimos
decir. Hoy los reto a poner de moda el agradecimiento. Hoy, vamos con todo…
lunes, 23 de noviembre de 2015
Día 29: Un tema gastado (¡otro loco escribiendo sobre lo mismo!)
Hoy escuché un programa de radio en el que un locutor
afirmaba que “hablar de felicidad era algo trillado”, y luego añadió que “quizá
no se le pone mucha importancia porque el tema es muy infantil y los adultos no
hablamos de cosas de niños”. Quise entender el concepto de lo que esta persona
decía y caí en la cuenta de que quizá no estaba tan equivocada. En primer
lugar, casi todo el mundo habla de la felicidad en mayor o menor grado. Cada
quien tiene su propia definición y su concepción de cómo alcanzarla. Parece que
es un tema muy relativo, porque hay tantas ideas sobre el asunto como seres
humanos existimos en la tierra. Y el hecho de que haya una inmensa cantidad de
puntos de vista lo hace ver muy gastado. Quizá el hablar u opinar mucho sobre
la felicidad nos impide vivirla. Luego, la otra afirmación de que es una
cuestión infantil, en cierto modo me hizo sentido. No es posible maravillarse
con un amanecer o disfrutar un beso, si no se tiene cierto grado de inocencia.
Y claro, es evidente que los que nos llamamos adultos, hemos abandonado ese
tesoro, y por eso es que no tratamos a profundidad el tema del bienestar
integral. Sin embargo, considero que
cada vida es un libro abierto, lleno de
posibilidades. Y que ir avanzando en esta tarea de existir puede ser un viaje
feliz, si decidimos que así sea. La felicidad, más que una idea o un tema de
conversación es un modo de vida, una decisión, una secuencia de instantes y
acciones. La felicidad no es una mera palabrería, es existir. Me he topado con
muchas personas que creen que son alguien más y que no tienen nada qué aportar al
mundo, y también he conocido personas que creen que son superiores a los demás.
En ambos casos, la necesidad de trascender y de estar alegres es evidente. La
forma más complicada de hallar y vivir la felicidad es en los instantes que
suceden a cada rato, en las situaciones que acontecen en lo cotidiano. Ver a tu
hijo balbucear sus primeras palabras, recibir el beso de la persona amada, leer
un mensaje de whatsapp de quien menos esperabas, dar palabras de aliento, ver
el atardecer con ojos de asombro, sentir el agua fluir cuando te bañás, leer un
buen libro, tomar un café, dar o recibir un abrazo, hacer una llamada
telefónica, celebrar un cumpleaños, hacer ejercicio, y tantas otras cosas
sencillas pueden ser momentos sin matiz, o manifestaciones esplendorosas de la
felicidad. Cuando afirmo que alcanzarla es una decisión, tiene qué ver con el
hecho de que las vivencias y los instantes serán siempre los mismos, y que la
percepción que tengamos de ellas nos permite apreciarlas como maravillosas o
simples. ¿Es “trillado” e “infantil” hablar de felicidad? Sí. Pero, es
espléndido vivirla y compartirla. Crear momentos memorables no representa hacer
gastos innecesarios o pensar en ideas fantásticas. Basta con dar nuestro tiempo
y nuestro corazón. Es suficiente con decidir que vale la pena vivir. Hoy, vamos
con todo.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Día 28: Emprende 18 (Cuando los sueños comienzan a tomar forma)
Este día he tenido el privilegio de asistir a la graduación
de la primera promoción del proyecto Emprende 18, que es una iniciativa cuyo
objetivo es generar espacios para que los emprendedores de uno de los sectores
más estigmatizados de la ciudad de Guatemala, tengan las herramientas
necesarias para que sus proyectos sean una exitosa realidad. Tuve el privilegio
de ser invitado a impartir 3 capacitaciones durante el proceso y puedo afirmar
que fue una experiencia enriquecedora para mí. Dentro del programa de hoy, los
18 emprendedores (un número muy significativo, tomando en cuenta el nombre del
proyecto y del sector) presentaron sus propuestas de negocio. Hay excelentes
ideas para satisfacer las necesidades de compra de amas de casa, estudiantes,
maestros, compañías, eventos, etc. Cada uno le dio forma a su sueño en 5
minutos. Todas las propuestas son interesantes. Sin embargo, hubo una
exposición en particular que me impactó, fue la de Velvet, quien más o menos
comenzó a hablar en los siguientes términos: “hace algunos años perdí mi casa…”
Y continuó, contando lo difícil que había sido esa pérdida por no poder pagar
la hipoteca, y cómo ha ido superándose con su esposo. Lo hermoso de su historia
es que de una desgracia generó una solución. Ella ahora se dedica a la venta de
bienes raíces. Resurgió de las cenizas,
y se fortaleció. Transformó una situación en la que muchos se hubieran
quebrantado, en una oportunidad. Historias como las de Velvet hacen que la fe
crezca. Dan la certeza de que en este país hay más gente luchadora que
conformista. También fue impresionante
conocer la historia de Franklin, quien todos los fines de semana del proceso de
capacitación vino desde el interior para aprender, no importando que su casa se
encuentre a más de 250 kilómetros de distancia, fue disciplinado en acudir.
Cada uno de los emprendedores tiene una historia qué contar, un presente
prometedor y un futuro que seguramente aportará valor al país. Y no solo ellos
son los héroes de este proyecto; también los miembros de la iniciativa “Nueva
Zona 18”, quienes aportaron tiempo, excelencia y los ideales para que todo
sucediera. Para conocer más de ellos se puede accesar a la fanpage facebook.com/emprende18
Hoy, vamos con todo!!! (como los emprendedores)
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